Desde la compra de una máquina de escribir, una mesa y una silla en 1968 hasta la decisión de contratar a patricia highsmith, a tom wolfe, a carmen martín gaite, a martin amis o a ryszard kapuscinski, el libro sumerge al lector en la agitación diaria de anagrama a través de las cartas de herralde a autores, agentes, críticos, periodistas y colegas desde la fundación de la editorial y hasta el año 2000.
